lunes, 12 de agosto de 2013

Vampiros: la gran decepción.

AÑO 2049:
En Transilvania, ese verano, un hombre enfermó de forma repentina, murió y resucitó a los pocos días atesorando unos colmillos de longitud considerable y mucha sed de sangre.
La gente decía que se trataba de un vampiro, y que ello confirmaba lo que contaban tantos y tantos relatos populares sobre Nosferatu. Relatos que hablaban de su alergia al ajo y a las cruces, de lo que le pasaba a su cuerpo si se exponía a la luz solar, de su inmortalidad, de su fuerza, de su velocidad, de su agilidad, de su hermosura, etc.
Pues si, con un poco de tiempo y cuatro análisis de sangre se confirmó que se trataba de un vampiro, pero no se detectó en él ni fuerza ni velocidad ni habilidades ni encantos especiales ni nada... eso si, hacía una peste a mierda que echaba para atrás. Se murió otra vez a los dos días de haber resucitado, de forma natural, volvió a resucitar, a morir y a resucitar. Y después de volver a morir, por cuarta vez, no se sabe si volvió a resucitar, porque ya lo habían metido en una caja para enterrarlo a veinte metros de profundidad.
Vale, los vampiros existían, pero eran una mierda de raza.

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